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Para visitar

A mediados del siglo XIII, fue fundado Fuenteheridos, nombre que deriva de la existencia de una fuente en aquel lugar (Fonte Frigidu = Fuente Fría). De la abundancia de agua en la zona da buena cuenta la Fuente de los Doce Caños, con un caudal aproximado de dos millones de litros al día. Su casco urbano esta declarado Conjunto Histórico Artístico, cabe destacar en este típico pueblo la tipología arquitectónica de sus edificios, sus calles empedradas, así como la Iglesia del Espíritu Santo, del siglo XVIII. En el paseo en el que la sombra de sus dos grandes castaños y un arce, lo convierten en un lugar fresco y adecuado donde podremos pasar unas agradables tardes de verano. Paseando por este pueblo no nos olvidemos de visitar el pequeño y cuidado jardín botánico de Villa Onuba, cuyo origen se remonta a finales del siglo XIX, donde podremos admirar los inmensos cipreses, tejos, cedros del Himalaya, así como una gran diversidad de especies arbóreas difíciles de encontrar.

La Ermita de Santa Brígida (s. XV), es un mirador excepcional del pueblo de Galaroza, enclavado en un valle de castaños y frutales, en este bello pueblo podremos visitar el Templo de la Purísima Concepción (s. XVI) así como las distintas plazas y glorietas que se encuentran a lo largo de sus calles, sin olvidarnos de subir a la Era.
El día 6 de septiembre se celebra, desde mediados del s. XIX, la popular fiesta de los Jarritos donde el agua es arrojada de unos a otros, convirtiéndose así las calles del pueblo como si de un día lluvioso se tratara.

Visitando la sierra no nos podemos dejar atrás la llamada Peña de Arias Montano, declarada bien de interés cultural, balcón de la sierra donde la mirada llega mas allá de donde podemos imaginar; que junto con la Ermita de Nuestra Señora de los Ángeles, hacen de Alájar, uno de los pueblos más bellos que nos vamos a encontrar.

Poco antes de llegar a Almonaster la Real, divisaremos su Mezquita (edificio Califal del siglo X) inscrita en la muralla del castillo Fortaleza (muralla de fábrica romana y árabe).
Paseando por sus calles podremos contemplar la gran cantidad de elementos mudéjares y góticos que se encuentran presente en las fachadas de sus casas.
En este típico pueblo se vive con gran fervor sus fiestas de Las Cruces de Mayo, donde las mujeres lucen desde antaño sus trajes típicos de serrana. En estas fechas se oyen las populares coplas de pique, que se dedican los hermanos de una cruz a otra, y los antiguos fandangos de Almonaster.


Visitando la sierra no nos debemos olvidar de Aracena, lugar turístico por excelencia, presidida por el cerro del castillo, sobre el que se alza la Iglesia Prioral del Castillo (s. XII) y las ruinas de la vieja fortaleza. Bajo este cerro discurre la famosa Gruta de las Maravillas, cavidad freática con variedad de formaciones y estalactitas y estalagmitas. El recorrido turístico permite la contemplación de doce salones y seis lagos con un recorrido que sobrepasa los 1200 metros.
Aracena, también posee una serie de edificios religiosos y civiles de gran interés como son la Iglesia de la Asunción ( s. XVI) de Santa Catalina (s. XVI), la Iglesia del Carmen el antiguo Ayuntamiento con su portada de Hernán Ruiz, de 1563.

Antiguos castillos algunos de época medieval como el Castillo de Cortegana, construido en tiempos de Sancho IV, y que conserva su estilo románico y gótico, en lo más alto del pueblo, donde la mirada se pierde en el horizonte.

A pocos kilómetros de Cortegana, rodeado de naturaleza e historia, aparece Aroche majestuosa alrededor de un impresionante recinto amurallado del s. XVII, que no logra ocultar el Castillo Almorávide (s. XII), en el que el pasado siglo se construyó una plaza de toros en su patio de armas.

El viaje que aquí se os propone implica una motivación por vuestra parte; encontraréis la ausencia en ruinas y senderos, habitada de sueños y faenas, de gestos cotidianos, de enconada paciencia. Falta quien hizo posible aquel cimiento, quien plantó aquel viejo árbol. Ahí tras la sombra perfilada de las cosas, se halla una vida que late si aprendemos a escucharla. Venid como las aves discretas que vuelan año tras año a los corrales y a los campanarios. No despreciéis la ocasión y dejaros llevar por la magia y el embrujo de estos lugares, basta con despojaros de la rutina, con caminar a paso lento.


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